La novia vendida regresa al Teatro Real
- Miguel Ángel González Hoyos
- hace 2 días
- 8 Min. de lectura
La novia vendida (Prodaná nevěsta), Bedřich Smetana
Teatro Real, Madrid
17.04.2026
Equipo artístico:
Gustavo Gimeno (Dirección Musical), Laurent Pelly (Dirección de Escena y Vestuario), Caroline Ginet (Escenografía), Urs Schönebaum (Iluminador) y José Luis Basso (Dirección del Coro).
Reparto:
Manel Esteve (Krušina), María Rey-Joly (Ludmila), Svetlana Aksenova (Mařenka), Toni Marsol (Mícha), Monica Bacelli (Háta), Mikeldi Atxalandabaso (Vašek), Pavel Černoch (Jeník), Günther Groissböck (Kecal), Jaroslav Březina (Comediante principal), Rocío Pérez (Esmeralda) e Ihor Voievodin (Indio).
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.
La novia vendida de Bedřich Smetana, estrenada el 25 de Septiembre de 1870, es la obra fundacional de la escuela operística checa, le seguirán títulos como Rusalka (Antonín Dvořák) o Jenůfa (Leoš Janáček), y en ella tiene lugar la combinación de varios asuntos clave como por ejemplo el nacionalismo musical donde se buscó crear una identidad colectiva para el pueblo, la muestra de las danzas populares checas (el furiant, la polka, el galop) o el tema principal del triunfo del amor frente a los matrimonios concertados y los intereses económicos.
Han pasado 102 años desde que se estrenó esta ópera en el Teatro Real, en marzo de 1924 con una compañía checa que realizaba en ese momento una gira por España, y sólo ha sonado en la ciudad de Madrid una ocasión más pero cuando el coliseo madrileño era solo una sala de conciertos. Fue en el año 1973 en el Teatro de la Zarzuela pero solamente se llevaron a cabo dos funciones. Ahora ha llegado por la puerta grande de la mano del aclamado director de escena Laurent Pelly, que ha realizado recientemente en el Real Die Meistersinger von Nürnberg (2024) o Il turco in Italia (2023), y del actual director musical del teatro, el valenciano Gustavo Gimeno.
La producción de Pelly es elegante y sobre todo trabajada con cuestiones de actualidad como el reciclaje y el medio ambiente que incorpora la escenógrafa, Caroline Ginet, mediante el uso de elementos decorativos propios de otras producciones operísticas del Teatro Real junto a algunos de los teatros coproductores (Opéra national de Lyon, la Oper Köln y el Théâtre Royal de La Monnaie de Bruselas).
A esto me refiero porque en el primer acto lo único que se observaba en el escenario es una nube formada por muebles reciclados (sillas, mesas, lámparas, un curioso reloj de pie, bicicletas, armarios o ventanas) algo que en el segundo acto solamente se añadió al escenario una casa de “cartón” y ya en el tercer acto se mostraba una carpa de Circo. En mi criterio la manera de presentar la escenografía es acertada porque está sostenida por unos actores caracterizados de payasos al ritmo del galop. Todo ello ha hecho que la presencia de la escenografía vaya de menos a más y que si al trabajo de los escenógrafos añadimos la brillante iluminación de Urs Schönebaum tenemos un maravilloso espectáculo de una ópera que como curiosidad Bohuslav Martinů la calificó como “la ópera de la felicidad humana” y así ha sido gracias a Laurent Pelly.
En cuanto al trabajo orquestal de Gustavo Gimeno debo de decir que ha sido lo mejor, junto al Coro titular de la casa, porque ha sabido interpretar con gran soltura la partitura a lo largo de la ópera. Pero he de decir que los momentos más brillantes fueron el comienzo con esa maravillosa y conocidisima obertura llena de corcheas y semicorcheas, donde se muestra claramente la complejidad y el trabajo que tienen las cuerdas a la hora de interpretar esa complicada fuga, la polka que se encuentra al final del acto primero y en la que participa de manera espléndida el coro. En esta producción el furiant aparecía de manera transitoria entre el acto primero y el segundo, en vez de comenzar la segunda parte con ella. Y, por último, el maravilloso galop, la “Danza de los Comediantes”, en el acto tercero que en este caso ha sido excelente porque fué en ella el momento “más gracioso” en el escenario donde tiene lugar el montaje de la carpa de circo a través del cómico conjunto de los payasos. En resumidas cuentas la música que hizo Smetana también deja otros momentos espléndidos como el íntimo sexteto del acto tercero o el soliloquio hermoso de Mařenka. Todo ello ha repercutido de gran manera en la Orquesta titular del Teatro Real donde los miembros de esta han mostrado su gran profesionalidad y se avecina un gran trabajo que nos mostrará Gimeno en las próximas óperas que participe.
El Coro titular del Teatro, preparado por su director José Luis Basso, tuvo un gran trabajo en varios ámbitos tanto en lo idiomático, como en lo vocal o en lo escénico ya que en muchas partes han tenido un verdadero ejercicio de sincronizar todo lo anterior junto a lo que estaba ocurriendo en el foso y eso es de agradecer porque han realizado lo mejor del espectáculo que es deleitar al público desde el coro inicial hasta el último.
Los roles protagonistas encabezados por la pareja de amantes ha sido maravillosa. Por un lado se encontraba Svetlana Aksenova que supo con creces llevar a cabo el rol de Mařenka donde en lo vocal fue maravillosa con momentos de gran brillantez como en el aria del tercer acto “Oh, jaky zal!” (“¡Ah! ¡Qué pena!”). El rol que hizo Pavel Černoch fue el de Jeník, la pareja de Mařenka, además era el hijo primogénito que fué expulsado de su casa por la mezquina madrastra y cuyos agudos supo mostrar con firmeza.
Mikeldi Atxalandabaso fue una gran sorpresa ya que hizo el papel de Vašek, un hombre tartamudo pero a la vez adorable ya que lo trataban como el “tonto del pueblo” algo que era muy popular en la época y que hoy en día sigue sucediendo en la sociedad y que supo defender con una gran vocalidad sobre todo fonéticamente. Otro gran descubrimiento y que fue de mi agrado ha sido el gran Günther Groissböck, nunca lo había escuchado en directo, ya que mostró las dotes propias del casamentero Kecal con algunos tintes cínicos y oscuros en la voz donde el personaje se hacía el académico al hablar en otros idiomas creyéndose culto o incluso intentando conseguir lo que él quería para obtener beneficio haciendo daño en algo importante como es el amor.
Brillaron las parejas de los padres tanto en lo vocal como en lo escénico que estaban formadas por Manel Esteve (Krušina) y María Rey-Joly (Ludmila) en el lado de Mařenka y por Toni Marsol (Mícha) y Monica Bacelli (Háta) por parte de Jenik. También lucieron pero de manera escasa el trío de personajes pequeños que aparecen en el tercer acto formados por Jaroslav Březina (Comediante principal), Rocío Pérez (Esmeralda) e Ihor Voievodin (Indio). Hubo cuatro actores en esta última parte que daban vida a una serie de payasos que fueron la bis cómica del galop.
Estamos ante una ópera que sirve muy bien para aquellas personas que nunca han ido o han escuchado una ópera en directo ya que tiene unos tintes algo rossinianos tanto en la trama como en la música por lo que recomiendo a aquellos ir a ver La novia vendida con esta producción o bien con otra ya que van a tener la risa asegurada.
Miguel Ángel González Hoyos









*The Bartered Bride* by Bedřich Smetana, premiered on September 25, 1870, is the foundational work of the Czech operatic school. It was followed by titles such as *Rusalka* (Antonín Dvořák) and *Jenůfa* (Leoš Janáček). In it, several key themes come together: musical nationalism—aimed at creating a collective identity for the people—the inclusion of Czech folk dances (the furiant, the polka, the galop), and the central theme of love triumphing over arranged marriages and economic interests.
It has been 102 years since this opera premiered at the Teatro Real, in March 1924, performed by a Czech company touring Spain at the time. It has only been heard once more in Madrid, when the venue functioned merely as a concert hall—in 1973 at the Teatro de la Zarzuela, with just two performances. Now it returns in grand fashion under the direction of the acclaimed stage director Laurent Pelly, who recently staged *Die Meistersinger von Nürnberg* (2024) and *Il turco in Italia* (2023) at the Real, alongside the theatre’s current music director, the Valencian Gustavo Gimeno.
Pelly’s production is elegant and, above all, carefully crafted, incorporating contemporary themes such as recycling and environmental awareness. Set designer Caroline Ginet achieves this through the use of decorative elements from previous productions of the Teatro Real, as well as from co-producing theatres (Opéra national de Lyon, Oper Köln, and Théâtre Royal de La Monnaie in Brussels).
What I mean by this is evident in the first act, where the stage features only a cloud made of recycled furniture—chairs, tables, lamps, a curious grandfather clock, bicycles, wardrobes, and windows. In the second act, only a “cardboard” house is added, and in the third act, a circus tent appears. In my view, this approach to scenography is effective, as it is animated by actors dressed as clowns moving to the rhythm of the galop. All of this allows the stage design to grow progressively in presence, and when combined with the brilliant lighting by Urs Schönebaum, it results in a wonderful spectacle. As a curiosity, Bohuslav Martinů once described this opera as “the opera of human happiness,” and thanks to Laurent Pelly, that description proves fitting.
As for the orchestral work under Gustavo Gimeno, it was the highlight of the evening, alongside the theatre’s resident chorus. He interpreted the score with great ease throughout the opera. Particularly brilliant moments included the opening, with its famous overture full of rapid quavers and semiquavers, clearly showcasing the complexity and craftsmanship required of the strings in performing the intricate fugue; the polka at the end of the first act, in which the chorus participates splendidly; the furiant, which in this production appears as a transition between the first and second acts rather than opening the latter; and finally, the wonderful galop—the “Dance of the Comedians”—in the third act, which here becomes the most humorous moment on stage as the circus tent is assembled by the clowns.
In short, Smetana’s music also offers other splendid moments, such as the intimate sextet in the third act and Mařenka’s beautiful soliloquy. All of this greatly benefits the Teatro Real Orchestra, whose members demonstrate outstanding professionalism, promising excellent work from Gimeno in future productions.
The theatre’s resident chorus, prepared by its director José Luis Basso, delivered excellent work on multiple levels—linguistic, vocal, and theatrical. In many passages, they had the demanding task of synchronizing all of these elements with what was happening in the orchestra pit, something they accomplished admirably, contributing significantly to the success of the performance from the opening chorus to the finale.
The leading roles, centered on the pair of lovers, were wonderful. Svetlana Aksenova excelled as Mařenka, delivering a vocally impressive performance with moments of great brilliance, particularly in the third-act aria “Oh, jaký žal!” (“Oh, what sorrow!”). Pavel Černoch portrayed Jeník, Mařenka’s partner and the eldest son cast out of his home by his wicked stepmother; he displayed firm and secure high notes.
Mikeldi Atxalandabaso was a delightful surprise as Vašek, a stammering yet endearing character treated as the “village fool,” a trope common in the period and still relevant today. He defended the role with strong vocal and phonetic clarity. Another standout was Günther Groissböck, whom I had not previously heard live. He embodied the matchmaker Kecal with a voice tinged with cynicism and darkness, portraying a character who adopts an academic tone by speaking in multiple languages, believing himself cultured, while pursuing his own interests at the expense of love.
The parental couples also shone both vocally and theatrically: Manel Esteve (Krušina) and María Rey-Joly (Ludmila) on Mařenka’s side, and Toni Marsol (Mícha) and Monica Bacelli (Háta) on Jeník’s. The trio of smaller roles appearing in the third act—Jaroslav Březina (Principal Comedian), Rocío Pérez (Esmeralda), and Ihor Voievodin (Indian)—also performed well, albeit briefly. Additionally, four actors portraying clowns provided comic relief during the galop.
This is an opera that serves as an excellent introduction for those who have never attended or heard opera live. It has somewhat Rossinian qualities in both plot and music, making it highly enjoyable. I would recommend seeing *The Bartered Bride* in this production or any other—you are guaranteed to have a good laugh.
Miguel Ángel González Hoyos




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