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Love, revenge and destruction: Samson et Dalila in Berlin

  • Iga Olszewska
  • 11 jul
  • 6 min de lectura


Samson et Dalila, Camile Saint-Saëns

Staatsoper Unter den Linden, Berlin

7th July 2026

Cast: Aigul Akhmetshina, Roberto Alagna, Łukasz Goliński, Carles Pachon

Conductor: Alexander Soddy



Samson et Dalila at the Staatsoper Unter den Linden has once again proved to be a great success. This well-known production by Damián Szifron features a star-studded cast. The show itself remains quite traditional, without overly interpretive direction. Although the production does not attempt to imitate biblical historical times, it still provides a classic portrayal of the story, with simpler designs for the Israelites and more exotic, lavish designs for the Philistines. This difference is also visible in the costumes designed by Gesine Völlm. The Israelites wore natural, monochrome cloaks, while the Philistines wore dark, sharp attires. In this production, the story of Samson and Dalila plays out in a timeless world, captivating audiences. Etienne Pluss’s set design was fairly simple in the first part of the show, transforming into something dramatic and striking for the finale. The show began with the overture, which was beautifully performed by the Berlin State Opera orchestra. Once the curtain rose, a stage filled with choir singers against a starry sky appeared before our eyes. Village buildings were on one side of the stage and desert rocks on the other, which remained there for the duration of the act. This scenery also accommodated the most surprising directorial approach. During a longer musical fragment, when Dalila first came to see Samson, two dancers appeared on stage, impersonating Dalila and Samson. They enacted Samson’s dream of raising a family with Dalila. The female dancer appeared pregnant, and later two children came on stage. This scene was a rather confusing diversion from the main storyline.


The second act then began, giving Aigul Akhmetshina, who was portraying Dalila, the opportunity to showcase her talents. Having only recently added the role to her repertoire, the singer had previously only performed it at London’s Royal Opera House. Yet she performed as if she had known the role all her life. Akhmetshina was striking. She made Dalila a complex character and played her beautifully. We must also appreciate her vocal performance. She possesses a magnificent mezzo-soprano voice with a beautiful timbre, which was particularly moving in the more lyrical moments, such as the beautiful aria ‘Mon cœur s’ouvre à ta voix.’ Aigul Akhmetshina sang the aria perfectly. On stage with her was Roberto Alagna, the tenor famous for his performances as Samson. Once again, he sounded incredible in this role. His character has evolved over the years, and this was evident in his performance. His voice carried strongly through the auditorium, even against the power of the choir. His high notes sounded strong and breathtaking. Completing the main cast was Łukasz Goliński, who sang the part of the High Priest of Dagon. His voice remained deep and focused throughout the performance, and he sang beautifully in his scenes with Aigul Akhmetshina. Thanks to the three main performers, the second act was the best musically, and the classical set design enabled the singers to create the performance with their voices rather than through imposed interpretation. However, it was the third-last act that proved to be the most visually stunning.  


When the curtain rose for the final part of the performance, we saw captives hanging from the ceiling in chains. Some were still standing or kneeling, while others were floating above the stage. This opening scene made a huge impression and set the mood for the rest of the performance. However, just a moment later, the Bacchanale began, accompanied by a feast among the Philistines. The orchestra, under the direction of Alexander Soddy, performed with exceptional skill, harmoniously blending with the on-stage action. In the third act, at Dagon’s temple, dancers in beautiful flowing costumes supported the action. Aigul Akhmetshina also looked stunning in her ceremonial attire: a long black robe adorned with gold details. As we all know, the show culminates in a dramatic conclusion. Just as Samson was about to be executed, he regained his strength and pushed his opponent off a platform several metres above the stage. The show ended with the striking image of Samson against a blinding white background, demonstrating his power by pushing away the surrounding structures. 


Iga Olszewska



Samson et Dalila en la Staatsoper Unter den Linden ha vuelto a demostrar ser un gran éxito. Esta conocida producción de Damián Szifron cuenta con un reparto estelar y se mantiene fiel a una concepción escénica bastante tradicional, sin caer en reinterpretaciones excesivas. Aunque la puesta en escena no pretende recrear con exactitud la época bíblica, ofrece una visión clásica de la historia, diferenciando claramente a los israelitas, con una estética sobria y sencilla, de los filisteos, representados mediante un diseño más exótico y suntuoso. Esta contraposición se refleja también en el vestuario diseñado por Gesine Völlm: los israelitas visten capas monocromáticas de tonos naturales, mientras que los filisteos aparecen con atuendos oscuros y de líneas más marcadas. La acción se desarrolla así en un universo atemporal que consigue mantener cautivado al público.


La escenografía de Etienne Pluss resulta relativamente sencilla durante la primera parte de la ópera, para transformarse en un espacio mucho más espectacular y dramático en el desenlace. La función comienza con una magnífica interpretación de la obertura por parte de la Orquesta de la Staatsoper de Berlín. Al levantarse el telón aparece un escenario ocupado por el coro, recortado sobre un cielo estrellado, con unas construcciones que evocan un poblado a un lado y formaciones rocosas del desierto al otro, elementos que permanecen durante todo el primer acto.


Es precisamente en este escenario donde encontramos la propuesta escénica más inesperada. Durante un amplio pasaje orquestal, cuando Dalila se dirige por primera vez al encuentro de Sansón, aparecen dos bailarines que representan a la pareja protagonista. Ambos escenifican el sueño de Sansón de formar una familia junto a Dalila: la bailarina aparece embarazada y, poco después, dos niños entran en escena. Se trata de una imagen poética, aunque algo desconcertante, que se aparta considerablemente del desarrollo habitual de la historia.


El segundo acto ofrece entonces la oportunidad de que Aigul Akhmetshina, en el papel de Dalila, despliegue plenamente sus cualidades. Aunque la mezzosoprano incorporó este personaje a su repertorio hace relativamente poco tiempo y hasta ahora únicamente lo había interpretado en la Royal Opera House de Londres, su actuación transmite la sensación de llevar toda una vida cantándolo.


Akhmetshina construye una Dalila fascinante y llena de matices. Su interpretación dramática resulta refinada y convincente, mientras que vocalmente confirma el extraordinario momento artístico que atraviesa. Posee una voz de mezzosoprano de gran belleza tímbrica, especialmente conmovedora en los momentos más líricos, como la célebre aria «Mon cœur s’ouvre à ta voix», que interpretó con enorme sensibilidad, elegancia y absoluto dominio técnico.


Junto a ella se encontraba Roberto Alagna, uno de los grandes intérpretes contemporáneos de Sansón. Una vez más volvió a demostrar por qué este papel ocupa un lugar privilegiado dentro de su carrera. Su personaje ha ganado profundidad con el paso de los años, algo que se percibe claramente en escena. La voz continúa proyectándose con enorme autoridad por toda la sala, incluso frente a la imponente sonoridad del coro, mientras que los agudos mantienen una fuerza y un brillo realmente impresionantes.


Completaba el trío protagonista Łukasz Goliński como el Gran Sacerdote de Dagón. Su voz grave, sólida y perfectamente enfocada se mantuvo constante durante toda la representación, destacando especialmente en los dúos compartidos con Akhmetshina.

Gracias al altísimo nivel de estos tres intérpretes, el segundo acto constituyó el momento musical más logrado de toda la función. La concepción escénica, deliberadamente clásica, permite además que sean las voces las auténticas protagonistas, sin quedar subordinadas a una lectura conceptual excesivamente invasiva.


Sin embargo, fue el acto final el que ofreció las imágenes visualmente más impactantes de toda la producción.

Al levantarse el telón aparecen numerosos prisioneros suspendidos del techo mediante cadenas: algunos permanecen de pie o arrodillados, mientras otros flotan sobre el escenario. Esta poderosa imagen inicial causa un efecto inmediato y establece el tono dramático del desenlace.


Pocos instantes después comienza la célebre Bacanal, acompañada por una gran celebración entre los filisteos. La orquesta, dirigida por Alexander Soddy, ofrece aquí una interpretación de enorme brillantez, perfectamente integrada con la acción escénica. En el templo de Dagón, un grupo de bailarines, vestidos con elegantes trajes vaporosos, contribuye a reforzar el carácter ceremonial de la escena.


Aigul Akhmetshina luce además un espectacular vestuario de ceremonia: una larga túnica negra ornamentada con detalles dorados que acentúa la majestuosidad de su personaje.

Como es bien sabido, la ópera culmina con un desenlace profundamente dramático. En el momento en que Sansón está a punto de ser ejecutado, recupera milagrosamente su fuerza y arroja a su adversario desde una plataforma situada a varios metros de altura sobre el escenario. La representación concluye con una imagen de enorme fuerza simbólica: Sansón aparece recortado sobre un fondo de una intensa luz blanca mientras derriba las estructuras que lo rodean, una poderosa metáfora visual de la fuerza devastadora del héroe en el instante final de la obra.


Iga Olszewska


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