The art of sheer sonic beauty and otherworldly perfection
- Dr. Eloi de Tera
- 12 may
- 5 min de lectura
Actualizado: 13 may
Kristine and Margarita Balanas
Händel, Kodály, Vasks, Ravel, Vivaldi
L'Auditori, Barcelona
12.05.2026
The Balanas family was touched by the hand of God, and whenever any of its members picks up an instrument, they draw from it a sound that is not of this world. Today, 12.05.2026, at the Sala Oriol Martorell of L'Auditori in Barcelona, the two Balanas sisters transported us for more than an hour and a half to a planet where the purity of sound and technical precision cannot be explained with words. Few people in this world manage to draw from a string instrument such brilliance and emotional sonority.
Kristine Balanas, full of energy despite her advanced pregnancy and standing for almost two hours, is capable of making her Gragnani violin shine with a velvety and unique colour, guttural and human in the lower register, crystalline and soft, without any harshness, in the upper register, as only the great violinists can achieve. Her pizzicati are from another galaxy; I have never heard anything like them.
Margarita Balanas overflows with strength, nerve and emotion through every pore, and she transmits all of this to the cello with a purity and dramatic intensity never before seen in this instrument. Her phrasing reaches the marrow, as do her staccati, pizzicati and every expressive device worthy of mention, because she does not play the cello, she speaks through it, and she does so with a sound so immaculate and beautiful that it distances us for a moment from the vulgarity of the world. She is kaleidoscopic and thrilling.
They began with a piece by Händel in an arrangement by the Norwegian Halvorsen, and we were immediately drawn into the depths of intimacy and sentiment, because from their strings emerged sounds rich in nuances and full of purity. They spoke to us with their souls transformed into wooden instruments with strings, but the result was not human, it was celestial.
With Kodály’s Duo op.7 we were able to cross into an unknown and atonal dimension, one that envelops and inspires you. The interpretation of this difficult work by the two Balanas sisters defies words, because it was cum laude or honoris causa. Kodály reached us with unique force and vibration.
They wanted to introduce us to the Latvian composer Péter Vasks with his piece Interior Castle (2015). That interior turned out to lead us to one of the most emotional moments of the afternoon, transporting us to a remote and distant place in which the two sisters filled our souls with music that was at once comforting and overwhelming, with a certain echo of Michael Nyman. We opened our eyes and it seemed that an eternity had passed, but it had only been 13 minutes.
The Sonata for violin and cello by Ravel, composed during his most prolific years, the 1920s, contains a still impressionistic sensuality with latent flashes of what Debussy had been, while venturing into the deepest realms of atonality and counterpoint. Such is the complexity of the work, especially in the phrasing, that hearing it performed by these prodigious sisters is a privilege.
They ended with their arrangement of some fragments from L'Estate and L'Inverno from Vivaldi’s Quattro Stagioni and with an encore. In both pieces there was a distant echo of that family who began from the humility of street music in order to pay for their studies and instruments, while reminding us and making it clear that they have reached the summit of perfection. Here, both Kristine with Vivaldi’s impossible phrases on the violin, and the wonderful Margarita with the counterpoint and energy of her cello, attained heights of musicality never before witnessed.
In the intimacy of the small hall of the Auditori, we were witnesses to an event that deserved to appear on the front pages of every newspaper.
Dr. Eloi de Tera


La familia Balanas fue tocada por la mano de Dios y cualquiera de sus miembros cuando coge un instrumento saca de él un sonido que no es de este mundo. Hoy, 12.05.2026, en la Sala Oriol Martorell de l'Auditori de Barcelona, las dos hermanas Balanas nos trasladaron durante más de una hora y media a un planeta donde la pureza del sonido y la precisión tecnica no pueden explicarse con palabras. Pocas personas en este mundo consiguen sacar de un instrumento de cuerda tal brillantez y emotividad sonora.
Kristina Balanas, llena de energía a pesar de su embarazo avanzado, estando las casi dos horas de pie, es capaz de hacer brillar su violín Gragnani con un color aterciopelado y único, gutural y humano en los graves, cristalino y suave, sin estridencia alguna, en los agudos como solo los grandes del violín consiguen. Sus pizzicati son de otra galaxia, no he escuchado nunca algo igual.
Margarita Balanas, rebosa fuerza, nervio y emoción por cada uno de sus poros y todo ello lo transmite al violonchelo con una pureza y dramatismo que nunca se ha visto antes en este instrumento. Sus fraseos llegan hasta la médula, como lo hacen también los staccati, pizzicati y cualquier forma expresiva que se le precie, porque ella no toca el violonchelo, ella habla a través de él y lo hace con un sonido tan pulcro y bello que nos aleja por un momento de la vulgaridad del mundo. Ella es caleidoscópica y emocionante.
Empezaron con una poeza de Händel en adaptación del noruego Halvorsen y ya nos adentramos en las profundidades de lo íntimo y sentimental, porque de sus cuerdas surgieron sonidos ricos en matices y llenos de pureza, nos hablaron con su alma transformada en un instrumento de madera con cuerdas, pero el resultado no era humano, era celestial.
Con el Duo op.7 de Kodály pudimos traspasar a una dimensión desconocida y atonal, que te envuelve y inspira. La interpretación que de esta difícil pieza hicieron las dos hermanas Balanas no cabe en palabras, porque fue cum laude o honoris causa. Kodály nos entró con fuerza y una vibración únicas.
Nos quisieron presentar al compositor letón Péter Vasks con su pieza Castillo Interior (2015). Ese interior resultó llevarnos a uno de los momentos más emocionantes de la tarde, transportandonos a un lugar remoto y lejano en el que las dos hermanas nos llenaron el alma de una música reconfortante y arrolladora a la vez, con cierto eco a Michael Nyman. Abrimos los ojos y pareció que había pasado una eternidad pero fueron solo 13 minutos.
La Sonata para violín y chelo de Ravel, compuesta en sus años más prolíficos, los años 20, contiene una sensualidad aún impresionista con latentes destellos de lo que fue Debussy, pero adentrándose en lo más hondo de lo atonal y contrapuntistico. Es tal la complejidad de la pieza, sobretodo en los fraseos, que escuharla de mano de estas hermanas prodigio es un privilegio.
Terminaron con su adaptación de algunos fragmentos de l'Estate y l'Inverno de las Quattro Stagioni de Vivadi y con un bis. En las dos piezas, había un eco lejano de aquella família que empezó desde la humildad de la música de calle para costearse los estudios y instrumentos, pero recordando y dejando claro que han llegado a la cumbre de la perfección. Aquí Tanto Kristine con los frases imposibles de Vivaldi al violín, como la maravillosa Margarita con el contrapunto y la energía de su cello, alcanzaron cotas de musicalidad nunca antes vistas.
En la intimidad de la pequeña sala del Auditori fuimos testigos de un acontecimiento que merecería estar en los titulares de todos los periódicos.
Dr. Eloi de Tera




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