Bayreuth en España: Valencia pone el broche final a una gira histórica
Bayreuther Festspiele Orchester
Pablo Heras Casado, conductor
Catherine Foster, soprano
Nicholas Brownlee, baritone
Klaus Florian Vogt, tenor
6.09.2026
Palau de la Música Valenciana, Valencia
Ayer llegaba a su fin la gira española de la Orquesta del Festival de Bayreuth. Después de un inicio brillante en Barcelona, su maravillosa continuación en Santander, el accidentado concierto de Sevilla y la parada en la capital, ayer llegaba a Valencia, después de un día de descanso, llena de fuerza.
Si hiciéramos caso de todas las críticas que hemos leído en los últimos días en España, sobre todo de algunas aparecidas en Madrid y las de otros en Barcelona que aunque en lo privado no dejaron títere con cabeza después en su columna se moderaron aunque degollaran igual, casi nos habrían quitado las ganas de acudir al concierto final. Algunos consideraban que nos habían traído las sobras del verano; otros, que ninguno de los cantantes estaba a la altura; otros, incluso, que el director no dirige la orquesta. Realmente, algunos críticos españoles se han quedado a gusto criticando.
Algunos descubrieron que una orquesta no suena igual dentro de un foso que fuera de él. ¡Qué inteligentes algunos! La crítica es el deporte nacional español. Realmente, nos traen una de las mejores orquestas de Europa, la Orquesta del Festival de Bayreuth, y tampoco estamos contentos. Le encuentran errores a todo. Saben disfrutar un concierto sin criticar todo?
Pude asistir, gracias al Palau de la Música Catalana, al concierto inaugural en Barcelona, que fue irrepetible y emocionante por toda la significación histórica de la sala y de los músicos que allí tocaban. Gracias al Palau de la Música de Valencia pude asistir también al concierto final. Y doy las gracias doblemente porque realmente fue otro concierto irrepetible y emocionante.
El público valenciano lo supo apreciar y aplaudió de pie durante largos minutos después de un concierto lleno de fuerza y expresión. Se notó que la orquesta había podido descansar un poco después del enorme retraso sufrido en Santander debido al desastre aéreo español y del otro desastre que sucedió en Sevilla, porque ayer la orquesta tocó como en sus mejores momentos.
La batuta de Heras-Casado estuvo ayer muy acertada, aunque quizá se le notaba ya algo cansado después de estos largos días. Pero consiguió modelar la orquesta, sobre todo, con un empaque lleno de fuerza y energía. Se notó también que los metales sabían que Valencia es tierra de viento metal, porque le dieron toda la expresión y el volumen posibles.
La Orquesta del Festival de Bayreuth que ha llegado a España es una formación integrada por enormes profesionales: desde el concertino hasta el primer violonchelo, que es uno de los mejores del mundo; desde los contrabajos hasta el viento madera y un viento metal que suena con una armonía única en toda Europa. Tocando a Wagner no tienen rival.
Algunos dicen —lo hemos leído— que la orquesta toca sola y que Pablo Heras-Casado no dirige. No podemos estar de acuerdo con esta afirmación, ya que Pablo imprime su personal visión wagneriana en cada una de las piezas del concierto y, además, hay que agradecerle enormemente haber hecho posible esta gira única e histórica por España. Su dirección es particular, quizá no siempre usual, pero consigue una enorme fuerza y un resultado impecable.
Es cierto que en aquello que debería ser más delicado y ofrecer mayores contrastes, como los Murmullos del bosque, le falta todavía mucho más detallismo, algo normal dada su juventud. No le pidan a Heras-Casado lo que Thielemann ha conseguido a lo largo de una carrera mucho más longeva. Pero la crítica no da tregua y, digámoslo hoy claramente: el wagnerianismo, y sobre todo el alemán, nunca aceptará plenamente a un español. Miren los resultados de AfD. Sé muy bien de lo que hablo después de años y años viviendo en Alemania y manteniendo contacto con ella y siendo siempre parado en la frontera para mostrar mi DNI, sin que Schengen exista, mientras los rubios pasan tranquilamente.
Cuídese bien Pablo Heras-Casado si va a dirigir el Ring completo en Bayreuth en 2028, porque en Alemania, como español, no le aplaudirán ni le darán tregua. Tome como ejemplo el enorme escándalo de 1976, no solamente porque no gustaran Chéreau y Boulez, sino también porque eran franceses. Recuerden lo que digo: aunque haya dirigido Parsifal, el escándalo de 2028 ya se lo están preparando. Si no dirige un alemán el Ring, no dan tregua. Será importante, pues, para 2028 hablar alemán para callar algunas bocas que estarán esperando para degollarle. Fíjese en que ya lo han hecho hasta en su propia tierra, sin ni siquiera agradecerle haber conseguido la gesta histórica de llevar la Orquesta del Festival de Bayreuth por España.
Ayer, el cantante Klaus Florian Vogt llegó lleno de energía y fuerza, como no le había visto en toda la gira. Parece que le sentó bien la paella valenciana. Hasta le dio para realizar una interpretación de la muerte de Siegfried mucho más dramática, terminando tumbado por el suelo.
También hemos oído decir a la crítica que Klaus Florian Vogt no tiene la voz para cantar Siegfried. Que, además, su voz ya no es la misma. Pero Klaus Florian Vogt demostró ayer que puede ser el mejor Siegfried si él quiere y que su voz sirve tanto para Siegfried como para aquello que él quiera cantar. Porque a cada interpretación le da un toque personal, único e irrepetible, que hará que quede siempre como uno de los grandes cantantes wagnerianos de la historia, a pesar de lo que muchos digan. Su interpretación de ayer fue brillante, rozando una excelencia técnica y vocal que poquísimos consiguen.
A su lado, Catherine Foster, que también ha sido muy criticada durante esta gira, sacó ayer sus mejores fuerzas. Y es que no entiendo por qué algunos se han atrevido a criticar a Catherine Foster por no estar en su mejor forma vocal en estos conciertos. Me pregunto si los mismos que lo hacen también criticarían las interpretaciones del último Plácido Domingo. ¿O se atreven más con los extranjeros?
Porque Catherine Foster, esté o no en sus mejores condiciones, sigue siendo una leyenda viva de la historia de la música wagneriana y una de las cantantes actuales que más veces ha subido al escenario de Bayreuth y a los grandes escenarios de todo el mundo con sus Isoldas y sus Brünnhildes.
Su voz es imponente, llena de una enorme potencia y con unos agudos capaces de hacer retumbar los teatros más grandes del mundo. Y así sigue siendo.
Además, creo que lo único que le ha sucedido durante esta gira es que ella está acostumbrada a cantar un Ocaso de los dioses entero y aquí le han hecho cantar solamente un fragmento. Ella necesita la obra completa para sacar su máximo carácter, porque es, desde la raíz, absolutamente wagneriana. Y como tal no entiende cantar solamente el fragmento. Sabe que la obra entera es la que le permite ir creciendo hasta alcanzar el momento final. No puede cantar ese momento final sin haber recorrido antes todo el camino. No puede cantar la Inmolación sin haber empezado desde la roca de Brünnhilde y haber despedido a Siegfried cuando parte hacia el mundo de los Gibichungos.
Pero, a pesar de ello, ayer realizó su mejor interpretación de toda la gira y demostró que Catherine Foster aún tiene mucho que decir, porque su excelencia técnica y vocal fue extraordinaria.
Como ha sucedido durante toda la gira, quien se lleva la palma es Nicholas Brownlee. Aunque ayer en Valencia estaba ya algo cansado y sucedió aquello que pasaba en los conciertos de los Tres Tenores, cuando los dos más jóvenes querían sobrepasar al maestro Pavarotti y Pavarotti, que se las sabía todas, terminaba dándoles una lección. Ayer la lección se la dieron los veteranos Vogt y Foster a Brownlee, que llegaba algo más cansado.
Pero, a pesar de eso, Brownlee sacó toda su fuerza, también en la nota final que culmina su invocación al terminar La Valquiria. Sus interpretaciones de ayer, aunque no fueron tan espectaculares como las de Barcelona, resultaron igualmente extraordinarias.
Valencia ha sido una gran anfitriona para poner el punto final a esta gira histórica de Bayreuth, que seguramente no volverá a repetirse en muchos años y que creo que el público español —y, sobre todo, una parte de la crítica— no ha sabido apreciar en su justa medida.
A pesar de ello, esta gira quedará para siempre en la historia de la música wagneriana en España y estamos profundamente agradecidos por haber podido vivirla.
Yo, personalmente, he tenido el privilegio de estar en sus dos extremos: en el escenario inicial, Barcelona, y en el final, Valencia. Dos conciertos irrepetibles para una gira que ya forma parte de la historia.
Dr. Eloi de Tera
Director de Lohengrin Magazine



Photos: Palau de la Música Valenciana
Bayreuth in Spain: Valencia Brings a Historic Tour to a Triumphant Close
Yesterday marked the end of the Bayreuth Festival Orchestra’s Spanish tour. After a brilliant opening in Barcelona, a wonderful continuation in Santander, the eventful concert in Seville, and the stop in the capital, the orchestra arrived in Valencia yesterday, full of strength after a well-deserved day of rest.
If we had paid attention to everything written by the critics in Spain over the past few days, particularly some of the reviews published in Madrid, we might almost have lost the desire to attend the final concert. Some claimed that we had been brought the leftovers from the summer; others that none of the singers were up to the required standard; and still others even suggested that the conductor does not actually conduct the orchestra. Some Spanish critics have certainly had a field day.
Some apparently discovered that an orchestra does not sound the same when playing inside an orchestra pit as it does on a concert platform. How very perceptive of them! Criticism seems to be Spain’s national sport. We are presented with one of Europe’s finest orchestras, the Bayreuth Festival Orchestra, and still we are not satisfied. Faults have to be found everywhere.
Thanks to the Palau de la Música Catalana, I was able to attend the opening concert in Barcelona, an unforgettable and deeply moving occasion because of the historic significance both of the hall and of the musicians performing there. Thanks to the Palau de la Música in Valencia, I was also able to attend the final concert. And for that I am doubly grateful, because this too proved to be an unforgettable and deeply moving evening.
The Valencian audience knew how to appreciate it, rising to its feet and applauding for several long minutes after a concert filled with power and expression. It was evident that the orchestra had benefited from some rest following the enormous delay in Santander caused by Spain’s air-travel chaos, as well as the other disaster that occurred in Seville, because yesterday the orchestra played at something approaching its very best.
Pablo Heras-Casado’s conducting was highly accomplished yesterday, although perhaps he was beginning to show some signs of fatigue after these long and demanding days. Nevertheless, he succeeded in shaping the orchestra with tremendous weight, strength and energy. The brass also seemed well aware that Valencia is a land of great brass playing, because they gave us all the expression and volume one could possibly ask for.
The Bayreuth Festival Orchestra that has come to Spain is an ensemble made up of extraordinary professionals: from the concertmaster to the principal cello, one of the finest in the world; from the double basses to the woodwinds and a brass section whose blend and harmony are matched by very few orchestras anywhere in Europe. When it comes to playing Wagner, they are unrivalled.
Some have said — we have actually read this — that the orchestra plays by itself and that Pablo Heras-Casado does not conduct. I cannot agree with that assessment. Pablo imposes his own personal Wagnerian vision on every piece in the programme. Moreover, we should be enormously grateful to him for making this unique and historic tour of Spain possible. His conducting style is distinctive and perhaps not always conventional, but it produces tremendous power and an impeccable overall result.
It is true that in passages requiring greater delicacy and more subtle contrasts, such as the Forest Murmurs, there is still room for considerably more detail — something perfectly understandable given his relative youth. Do not demand from Heras-Casado what Thielemann has achieved over the course of a much longer career. But the critics show no mercy and, let us say it clearly today: the Wagnerian establishment, and particularly its German branch, will never fully accept a Spaniard. Look at the results achieved by the AfD. I know very well what I am talking about after spending many years living in Germany and maintaining close ties with the country.
Pablo Heras-Casado would do well to prepare himself carefully if he is indeed to conduct the complete Ring at Bayreuth in 2028, because in Germany, as a Spaniard, he will neither be automatically applauded nor given an easy ride. Consider the enormous scandal of 1976, not simply because Chéreau and Boulez were disliked, but also because they were French. Remember what I am saying: although Heras-Casado has already conducted Parsifal, the scandal of 2028 is already being prepared for him. If the Ring is not conducted by a German, there will be no mercy. It will therefore be important for him to speak German in 2028, if only to silence some of those who will be waiting to tear him apart. Just look at what has already happened in his own country, where some have attacked him without even acknowledging the historic achievement of bringing the Bayreuth Festival Orchestra on tour throughout Spain.
Yesterday Klaus Florian Vogt arrived full of energy and strength, more so than at any other point when I had heard him during the tour. Perhaps the Valencian paella did him good. He even had enough energy to give us a far more dramatic interpretation of Siegfried’s death, ending up stretched out on the floor.
We have also heard critics claim that Klaus Florian Vogt does not have the right voice to sing Siegfried, and that his voice is no longer what it once was. Yet yesterday Vogt demonstrated that he can be the finest Siegfried if he chooses to be, and that his voice is capable of singing Siegfried — or whatever else he wishes to sing. He brings a unique, unmistakably personal quality to every interpretation, and this will ensure that he remains one of the great Wagnerian singers in history, whatever some may say. Yesterday’s performance was brilliant, approaching a level of technical and vocal excellence achieved by very few.
Alongside him was Catherine Foster, who has also received considerable criticism during this tour and who yesterday summoned some of her finest resources. I simply cannot understand why some critics have felt entitled to attack Catherine Foster for supposedly not being in her finest vocal condition during these concerts. I wonder whether those same critics would have been equally severe about Plácido Domingo’s performances towards the end of his career. Or is it simply easier to attack foreigners?
Because Catherine Foster, whether or not she happens to be in absolutely peak condition, remains a living legend in the history of Wagnerian singing and one of the singers of our time who has appeared most frequently on the Bayreuth stage and on major stages throughout the world with her Isoldes and Brünnhildes.
Her voice remains imposing, endowed with enormous power and high notes capable of making even the largest opera houses in the world resonate. And that remains the case today.
Moreover, I believe that the main difficulty for her during this tour is that she is accustomed to singing an entire Götterdämmerung, whereas here she has been asked to perform only a fragment. She needs the complete work to reveal the full extent of her dramatic character, because she is Wagnerian to her very core. And as such, singing merely an isolated fragment does not come naturally to her. She knows that it is the complete work that allows her to develop progressively towards that final moment. She cannot simply sing the ending without having travelled the entire journey that precedes it. She cannot sing the Immolation Scene without having begun on Brünnhilde’s rock and without having bid farewell to Siegfried as he sets off towards the world of the Gibichungs.
Yet despite this, yesterday she gave her finest performance of the entire tour and demonstrated that Catherine Foster still has a great deal to say. Her technical and vocal excellence was extraordinary.
As has been the case throughout the tour, however, Nicholas Brownlee deserves particular distinction. Yesterday in Valencia he did seem somewhat tired, and something happened reminiscent of the famous Three Tenors concerts, when the two younger singers would try to outdo the master, Pavarotti, only for Pavarotti — who knew every trick in the book — to teach them a lesson. Yesterday it was the veterans Vogt and Foster who taught Brownlee that lesson, as the younger singer appeared somewhat more fatigued.
Nevertheless, Brownlee summoned all his strength, including for the final note that crowns his invocation at the end of Die Walküre. His performances yesterday, while perhaps not quite as spectacular as those in Barcelona, were still extraordinary.
Valencia proved to be a magnificent host for the conclusion of this historic Bayreuth tour, one that will probably not be repeated for many years and which, I believe, the Spanish public — and above all a certain section of the Spanish critical establishment — has failed to appreciate as fully as it deserved.
Despite all of this, the tour will remain forever a part of the history of Wagnerian music in Spain, and we are profoundly grateful to have been able to experience it.
Personally, I have had the privilege of being present at both ends of this extraordinary journey: at the opening in Barcelona and at the finale in Valencia. Two unforgettable concerts marking the beginning and the end of a tour that has already become part of history.
Dr. Eloi de Tera
Director of Lohengrin Magazine




Bayreuth in Spanien: Valencia setzt den Schlusspunkt unter eine historische Tournee
Natürlich. Ich übertrage den gesamten Text ins Deutsche und behalte dabei den leidenschaftlichen, persönlichen und bewusst pointierten Ton bei. Bei den Wagner-Begriffen verwende ich die im Deutschen üblichen Originalbezeichnungen.
Gestern ging die Spanien-Tournee des Orchesters der Bayreuther Festspiele zu Ende. Nach einem glanzvollen Auftakt in Barcelona, einer wunderbaren Fortsetzung in Santander, dem turbulenten Konzert in Sevilla und dem Zwischenstopp in der Hauptstadt erreichte das Orchester gestern, nach einem wohlverdienten Ruhetag und voller neuer Kraft, Valencia.
Hätten wir all den Kritiken Glauben geschenkt, die wir in den vergangenen Tagen in Spanien gelesen haben – insbesondere einigen aus Madrid –, wäre uns beinahe die Lust vergangen, das Abschlusskonzert überhaupt zu besuchen. Einige meinten, man habe uns lediglich die Reste des Sommers gebracht; andere behaupteten, keiner der Sänger sei der Aufgabe gewachsen; und wieder andere gingen sogar so weit zu sagen, der Dirigent dirigiere das Orchester eigentlich gar nicht. Manche spanische Kritiker haben sich beim Kritisieren wirklich nach Herzenslust ausgetobt.
Einige haben offenbar sogar entdeckt, dass ein Orchester in einem Orchestergraben nicht genauso klingt wie auf einem Konzertpodium. Wie scharfsinnig! Kritik scheint in Spanien ein Nationalsport zu sein. Da kommt eines der besten Orchester Europas, das Orchester der Bayreuther Festspiele, nach Spanien – und trotzdem ist man nicht zufrieden. Überall müssen Fehler gefunden werden.
Dank des Palau de la Música Catalana konnte ich das Eröffnungskonzert in Barcelona erleben. Es war ein unwiederholbares und zutiefst bewegendes Ereignis, nicht zuletzt wegen der historischen Bedeutung sowohl des Saales als auch der Musiker, die dort spielten. Dank des Palau de la Música in Valencia konnte ich nun auch beim Abschlusskonzert dabei sein. Dafür bin ich gleich doppelt dankbar, denn auch dieser Abend wurde zu einem unwiederholbaren und zutiefst bewegenden Erlebnis.
Das valencianische Publikum wusste dies zu würdigen und erhob sich nach einem Konzert voller Kraft und Ausdruck von seinen Plätzen, um minutenlang stehend zu applaudieren. Man merkte, dass dem Orchester die kurze Ruhepause nach der enormen Verspätung in Santander infolge des spanischen Flugverkehrschaos und nach dem weiteren Desaster in Sevilla gutgetan hatte. Denn gestern spielte das Orchester wieder auf einem Niveau, das an seine besten Momente erinnerte.
Pablo Heras-Casados Dirigat war gestern äußerst überzeugend, auch wenn man ihm vielleicht bereits eine gewisse Müdigkeit nach diesen langen und anstrengenden Tagen anmerkte. Dennoch gelang es ihm, das Orchester mit enormer Geschlossenheit, Kraft und Energie zu formen. Auch das Blech schien genau zu wissen, dass Valencia eine Hochburg der Blechbläser ist, denn es entfaltete die größtmögliche Ausdruckskraft und Klangfülle.
Das Orchester der Bayreuther Festspiele, das nach Spanien gekommen ist, besteht aus außergewöhnlichen Musikern: vom Konzertmeister bis zum Solocellisten, der für mich zu den besten der Welt gehört; von den Kontrabässen über die Holzbläser bis hin zu einem Blech, dessen Harmonie und Klangkultur nur von wenigen Orchestern Europas erreicht werden. Wenn dieses Orchester Wagner spielt, ist es konkurrenzlos.
Einige haben behauptet – und wir haben es tatsächlich lesen müssen –, das Orchester spiele von selbst und Pablo Heras-Casado dirigiere eigentlich gar nicht. Dieser Einschätzung kann ich überhaupt nicht zustimmen. Pablo prägt jedes einzelne Werk des Programms mit seiner ganz persönlichen Wagner-Sicht. Darüber hinaus muss man ihm außerordentlich dankbar dafür sein, dass er diese einzigartige und historische Spanien-Tournee überhaupt möglich gemacht hat. Sein Dirigierstil ist eigenwillig und vielleicht nicht immer konventionell, aber er erreicht damit eine enorme Kraft und ein insgesamt beeindruckendes Ergebnis.
Es stimmt, dass ihm dort, wo größere Feinheit und stärkere Kontraste erforderlich wären, etwa beim „Waldweben“, noch einiges an Detailarbeit fehlt. Angesichts seines vergleichsweise jungen Alters ist das durchaus nachvollziehbar. Man sollte von Heras-Casado nicht das verlangen, was Thielemann im Laufe einer wesentlich längeren Karriere erreicht hat.
Doch die Kritik kennt keine Gnade, und sagen wir es heute einmal ganz deutlich: Der Wagnerianismus, insbesondere der deutsche, wird einen Spanier niemals vollständig akzeptieren. Man muss sich nur die Wahlergebnisse der AfD ansehen. Ich weiß sehr genau, wovon ich spreche, nach all den Jahren, die ich in Deutschland gelebt habe, den Kontakt zu ihr aufrechterhalten habe und an der Grenze immer wieder angehalten wurde, um meinen Ausweis vorzuzeigen – obwohl es Schengen gibt –, während die Blonden ganz ungehindert durchgelassen werden.
Pablo Heras-Casado sollte sich gut wappnen, wenn er 2028 tatsächlich den gesamten „Ring“ in Bayreuth dirigieren wird. Denn in Deutschland wird man ihm als Spanier weder automatisch Beifall spenden noch irgendetwas schenken. Man denke nur an den gewaltigen Skandal von 1976 – nicht nur, weil Chéreau und Boulez vielen nicht gefielen, sondern auch, weil sie Franzosen waren.
Merken Sie sich, was ich heute sage: Obwohl Heras-Casado bereits den „Parsifal“ dirigiert hat, wird der Skandal von 2028 schon jetzt für ihn vorbereitet. Wenn der „Ring“ nicht von einem Deutschen dirigiert wird, kennt man keine Gnade. Für 2028 wird es deshalb wichtig sein, Deutsch zu sprechen, schon allein um einigen den Wind aus den Segeln zu nehmen, die nur darauf warten werden, ihn in der Luft zu zerreißen.
Man muss sich nur anschauen, was bereits in seinem eigenen Land geschehen ist: Dort wurde er von manchen angegriffen, ohne dass man ihm auch nur dafür gedankt hätte, die historische Leistung vollbracht zu haben, das Orchester der Bayreuther Festspiele auf eine Tournee durch Spanien zu bringen.
Klaus Florian Vogt kam gestern mit einer Energie und Kraft auf die Bühne, wie ich ihn während der gesamten Tournee noch nicht erlebt hatte. Offenbar hat ihm die valencianische Paella gutgetan. Die Energie reichte sogar für eine wesentlich dramatischere Darstellung von Siegfrieds Tod, an deren Ende er ausgestreckt auf dem Boden lag.
Wir haben von Kritikern außerdem lesen müssen, Klaus Florian Vogt besitze nicht die richtige Stimme für Siegfried. Seine Stimme sei zudem nicht mehr dieselbe wie früher. Doch gestern bewies Vogt, dass er der beste Siegfried sein kann, wenn er es will, und dass seine Stimme sowohl für Siegfried als auch für alles andere geeignet ist, was er singen möchte.
Denn jeder seiner Interpretationen verleiht er eine unverwechselbare, einzigartige und persönliche Note. Gerade deshalb wird er, ganz gleich, was manche behaupten mögen, als einer der großen Wagner-Sänger in die Geschichte eingehen. Seine gestrige Interpretation war brillant und erreichte eine technische und vokale Exzellenz, die nur sehr wenige Sänger erreichen.
An seiner Seite stand Catherine Foster, die während dieser Tournee ebenfalls stark kritisiert wurde und gestern noch einmal ihre besten Kräfte mobilisierte.
Ich verstehe schlichtweg nicht, warum manche es für angebracht hielten, Catherine Foster dafür zu kritisieren, dass sie sich bei diesen Konzerten angeblich nicht in ihrer allerbesten stimmlichen Verfassung befunden habe. Ich frage mich, ob dieselben Kritiker auch die Auftritte Plácido Domingos in seiner späten Karriere mit derselben Härte beurteilt hätten. Oder fällt es vielleicht leichter, Ausländer zu kritisieren?
Denn Catherine Foster bleibt, unabhängig davon, ob sie sich gerade in absoluter Höchstform befindet oder nicht, eine lebende Legende der Wagner-Interpretation. Sie gehört zu den Sängerinnen unserer Zeit, die besonders häufig auf der Bayreuther Bühne und auf den großen Bühnen der Welt gestanden haben – mit ihren Isolden und ihren Brünnhilden.
Ihre Stimme ist nach wie vor imposant, besitzt eine enorme Kraft und Höhen, die selbst die größten Opernhäuser der Welt zum Beben bringen können. Und daran hat sich nichts geändert.
Darüber hinaus glaube ich, dass ihr eigentliches Problem bei dieser Tournee darin bestand, dass sie es gewohnt ist, eine vollständige „Götterdämmerung“ zu singen, während sie hier lediglich einen Ausschnitt interpretieren musste. Sie braucht das gesamte Werk, um ihre dramatische Persönlichkeit vollständig entfalten zu können, denn sie ist bis ins Innerste Wagnerianerin.
Und als solche liegt es ihr nicht, lediglich einen isolierten Ausschnitt zu singen. Sie weiß, dass erst das gesamte Werk ihr ermöglicht, sich Schritt für Schritt bis zu jenem letzten Moment zu steigern. Sie kann nicht einfach das Ende singen, ohne zuvor den gesamten Weg zurückgelegt zu haben. Sie kann Brünnhildes Schlussgesang nicht singen, ohne vorher auf Brünnhildes Felsen begonnen und Siegfried verabschiedet zu haben, als er in die Welt der Gibichungen aufbricht.
Und dennoch lieferte sie gestern ihre beste Interpretation der gesamten Tournee und bewies, dass Catherine Foster noch sehr viel zu sagen hat. Ihre technische und vokale Leistung war außergewöhnlich.
Wie während der gesamten Tournee gebührt jedoch Nicholas Brownlee eine ganz besondere Erwähnung. Gestern in Valencia wirkte er bereits etwas müde, und es geschah etwas, das mich an die berühmten Konzerte der Drei Tenöre erinnerte: Wenn die beiden Jüngeren versuchten, den Meister Pavarotti zu übertreffen, wusste Pavarotti, der alle Tricks kannte, ihnen am Ende doch noch eine Lektion zu erteilen.
Gestern waren es die Routiniers Vogt und Foster, die Brownlee diese Lektion erteilten, während der jüngere Sänger bereits etwas erschöpfter wirkte.
Trotzdem mobilisierte Brownlee noch einmal seine gesamte Kraft, auch für den letzten Ton, der seine Anrufung am Ende der „Walküre“ krönt. Seine Interpretationen waren gestern vielleicht nicht ganz so spektakulär wie in Barcelona, aber dennoch außergewöhnlich.
Valencia erwies sich als großartiger Gastgeber für den Schlusspunkt dieser historischen Bayreuth-Tournee – einer Tournee, die sich wahrscheinlich viele Jahre lang nicht wiederholen wird und deren Bedeutung das spanische Publikum, vor allem aber ein Teil der spanischen Kritik, meiner Ansicht nach nicht in dem Maße zu würdigen wusste, wie sie es verdient hätte.
Trotz allem wird diese Tournee für immer einen Platz in der Geschichte der Wagner-Pflege in Spanien einnehmen, und wir sind zutiefst dankbar dafür, sie erlebt haben zu dürfen.
Ich persönlich hatte das Privileg, an beiden Endpunkten dieser außergewöhnlichen Reise dabei zu sein: beim Auftakt in Barcelona und beim Finale in Valencia.
Zwei unvergessliche Konzerte am Anfang und am Ende einer Tournee, die bereits jetzt Geschichte geschrieben hat.
Dr. Eloi de Tera
Direktor des Lohengrin Magazines




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