Anna Fedorova's Rach 2
- Eloi De Tera
- 20 dic 2025
- 3 Min. de lectura
14.12.2025
Palau de la Música Catalana
Franz Schubert Filharmonia
Rune Bergmann, conductor
Anna Fedorova, piano
Last Sunday, the Palau de la Música was overcome with emotion by Anna Fedorova's performance of Rachmaninoff's Piano Concerto No. 2. Every chord, every note, every orchestral flourish... sent a shiver through our bodies, bringing tears to our eyes. Fedorova's touch is exquisitely delicate; her ivory hands seem to barely touch the keys, yet with immense gentleness she coaxes a unique and extraordinarily rich sound from the piano. Her interpretation of Rachmaninoff's concerto is romantic to its core, soft and brilliant, even in the fastest passages, where Fedorova's phrasing is almost cosmic. But because her sound is so delicate—at times lacking a bit of power—it requires an orchestra that can match it, and at times the Franz Schubert Philharmonic drowned out the piano's sound. Despite this, the orchestra's performance under Bergmann's baton was surprisingly cohesive and well-balanced. The Franz Schubert Philharmonic is maturing, acquiring more color and choral harmony. Bergmann conducted the tempi with great precision and in perfect communion with the pianist.
If Fedorova has hands of ivory capable of drawing sounds of unprecedented color from any piano, she demonstrated it in the first encore: Rachmaninoff's Prelude Op. 32, No. 5. Not even Horowitz could achieve such a sound with this prelude! I have never heard phrasing as clear, delicate, and precise as Fedorova's in this Prelude, which is like a silence itself. The second encore, Manuel de Falla's Ritual Fire Dance, left the audience speechless at the rhythmic mastery and power with which Fedorova interpreted it.
In the second half, the Franz Schubert Philharmonic performed Sibelius's Symphony No. 5. A harmonic and choral monument that, under Bergmann's baton, proved inspiring and clear.
Dr. Eloi de Tera


Este pasado domingo el Palau de la Música murió de emoción con la interpretación del concierto para piano número 2 de Rachmaninov a cargo de Anna Fedorova. Cada acorde, cada pulsación, cada giro orquestal.. provocaba un hormigueo general del cuerpo que nos hacía llorar a lágrima viva. Porque la pulsación de Fedorova es delicadísima, sus manos de marfil parecen no tocar casi las teclas y con enorme suavidad consigue emanar del piano un sonido único y de un color extraordinario. Su interpretación del concierto de Rachmaninov es romántico hasta la médula, suave y brillante, hasta en los pasajes más rápidos, donde el fraseo de Fedorova resulta cósmico. Pero su sonido al ser tan delicado -a veces le falta algo de fuerza- necesita de una orquesta que se adapte a eso y durante algunos momentos la Franz Schubert Filharmonia apagaba el sonido del piano. A pesar de ello, la interpretación de la orquesta bajo la batuta de Bergmann resultó sorprendentemente compacta y bien equilibrada en los instrumentos. La Franz Schubert Filharmonia va madurando y tomando más color y armonía coral. Bergmann llevó los tempos de forma muy precisa y en perfecta comunión con la pianista.
Si Fedorova tiene manos de marfil que pueden sacar sonidos de color inaudito de cualquier piano, lo demostró en el primer bis: el Preludio Op. 32, núm. 5 de Rachmaninov. ¡Ni tan solo Horowitz conseguía un sonido así con este preludio! No he escuchado nunca un fraseo tan claro, delicado y preciso como el que Fedorova utilizó en este Preludio, que es como un silencio en sí mismo. El segundo bis, la Danza ritual del Fuego de Manuel de Falla, dejó al público boquiabierto ante el dominio rítmico y la fuerza con la que Fedorova lo interpretó.
En la segunda parte se escuchó de parte de la Franz Schubert Filharmonia la Sinfonía número 5 de Sibelius. Un monumento harmónico y coral que bajo la batuta de Bergmann resultó inspirador y claro.
Dr. Eloi de Tera




Comentarios